La noche del 15 de julio del presente año (2018) mientras estaba en mi alcoba leyendo un libro de periodismo, noté que mi perro estaba ladrando muy insistentemente. A lo mejor supuse que estaba ladrando a los gatos techeros . No le di importancia , seguí involucrado en mi más profunda concentración , estaba interesante, no lo niego.
Dicen que los perros avisan por muchas cosas, que pueden ver almas, sentir primeros el temblor, bueno puede ser. Quien puede negar que sus sentidos son más desarrollados que el de nosotros.
Entra mamá a avisarme que la cena está lista, le digo que bajo en un momento. Bajo, saludo a papá que recién llegaba a casa.
Mi hermana dice que subirá a ver que molesta a mi perro, pero mis padres se negaron a menos que termine la cena, ni hablar. A lo mejor estaba ladrando a las personas, pues ya está dejando de ser un cachorro. Se está convirtiendo en un adulto , por decirlo así. Conversamos en la mesa sobre como están mis abuelos de salud, y luego un poco de noticias de opinión pública.
Para cuando mi hermana termina su cena, sube muy rápido a verificar si todo marchaba bien . Ella baja y suspira y murmura que nadie molesta al perro, sino que está en su etapa de fosforito.
Ya para eso mis padres se dirigían a la sala a ver sus películas que quedaba pendiente una semana.
Yo le dije que de rato en rato iré a merodear a ver que sucede, ella me agradeció. Típico de ella cuando está cansada para todo.
Ya estaba en mi alcoba dando una ojeada a mi libro, eran 11 pm y la calle estaba callada , muy callada. Un tipo estaba fumando en la bodega frente a casa, no lo conocía, en fin. mi perro empezó a ladrar duro, era hora de correr a inspeccionar , sí , era hora. Note que estaba casi al filo del techo, y me puse al costado de él para observar desde ese ángulo ya que miraba abajo. Los canijos niñitos del vecindario estaban arrancando las hojas del jardín que da a la calle. Mi madre con tanto sacrificio cuidaba ese jardín para que sea destruido de esa manera, así que les dije que se detengan con voz enérgica.
Una caricia es todo lo que necesitaba , muy bien acaricie su cabeza y parecía que me sonreía. Ya echado, dejé el libro, tome mi bebida, y sacaría un juicio de lo que había acontecido, no era solo un ladrido más . Era mucho más que eso. En plena noche, en plena cama , en pleno silencio me disponía a creer que mi perro cuidaba el jardín , ese jardín con rosas y árbol de guanábana donde mis padres dedicaban su tiempo, su dedicación , su amor.


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